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Miguel Ángel Charis bajo el exilio voluntario.

Istmo
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Juchitán de Zaragoza, Oaxaca (Cortamortaja) 6 de septiembre de 2021.- Sus trazos son provocadores, en medio de un remolino de colores donde surgen iguanas, árboles, enredaderas interminables que van formando melenas rebeldes.

A los doce años le nació el gusto por la pintura, cuando vio por primera vez una obra del pintor y grabador neerlandés, Rembrandt, Miguel Ángel sintió que la fuerza de aquella obra se posicionó de su espíritu y lo atrajo hacia las artes plásticas.

Juchitán ha sido para el artista un semillero de poetas, pintores, trovadores, compositores, una marejada de artistas que atraen, subyugan y embriagan. Sus calles inundadas de mujeres hermosas con sus enaguas y huipiles, componen una sinfonía de colores que atrapan y nunca se olvidan.

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Su primera exposición fue en el año de 1987 y, a partir de ese momento su obra han recorrido diversas galerías, que ha sido muy bien aceptada por la crítica, debido a la profundidad de sus colores que pintan la vida cotidiana desde una perspectiva artística que capta los sentimientos y las emociones.

Luego de una larga trayectoria y evolución artística en Juchitán decide marchar hacia la ciudad de Oaxaca en un exilio voluntario para perfeccionar su arte, que hoy luce más robusta y con mayor energía.

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Sostiene que la ciudad capital le atrae la magia de sus colores y sabores, además de la llegada constante de nuevas propuestas, que le permiten seguir su evolución como artista, sin embargo, Juchitán nunca está ausente en su inspiración, que acuden en todas y cada una de sus obras que le permite atrapar la exactitud de los colores que debe de emplear.

Es por eso que refiere, que necesita perfeccionar más su gráfica, para regresar a Juchitán donde se encuentra su cordón umbilical y su nacimiento, ahí en el barrio Lima, hoy quinta sección, dice mientras de sus labios se despeja una leve sonrisa entre la complicidad de alguna picardía, que guardan sus tiempos de adolescente.

Miguel Ángel Charis acaricia con su mirada la suavidad del aire que atraviesa por sus cabellos, mientras imagina su próxima obra.