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Thu, Dec

Los rezos previos al Xandu’ en Juchitán comenzaron a iluminar el camino de los difuntos

Istmo
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Juchitán, Oax.- El incienso inunda la pequeña sala de la casa. Frente al altar familiar sentada con un viejo librito está la rezadora. Su voz de un grupo de mujeres zapotecas que siguen los canticos de la rezadora, la encargada de limpiar con sus rezos el camino de las almas

Xandu' proviene de la voz santo y tiene mucha semejanza a las expresiones; Xantolo de la voz huasteca y Xantol entre los nahuas. Todas se utilizan para designar el Día de Muertos, Fieles Difuntos o Todos Santos.

En el Istmo de Tehuantepec los zapotecas comienzan a preparar la llegada de las almas desde el 25 de octubre en los hogares, a partir de esa fecha comienzan aromatizar el camino con incienso y nueve rezos, ese camino que recorrerán en los últimos días hasta encontrar la casa servida, en vela y olorosa.

Estos rezos están dedicados a las almas recién partidas, las que lograron atravesar el gran río de sangre, los que han cumplido los tres meses reglamentarios para llegar al paraíso, ellos son los que regresan a visitar a los que dejaron, lo que aún no lo olvidan, celebran con los vivos el primer Xandu’.

Si el difunto se fue en agosto, su ofrenda se hará el año siguiente, porque según el ritual zapoteca, no les da tiempo llegar a la mansión de los muertos e incorporarse a la peregrinación de las almas visitantes, pues las hallan en el camino.

La celebración del Xandu’, según el lingüista e historiador juchiteco Víctor Cata, se detalla en el libro Geográfica Descripción de Fray Francisco de Burgoa, el estudioso de los zapotecas del siglo XVII anotó en su obra que el Xandu' se celebra en el mes de noviembre y para él era un rito diabólico, propio de las tinieblas.

Todo comenzaba, según la descripción de Fray Francisco de Burgoa, con el sacrificio de guajolotes, para luego realizar un guiso con chiles secos, semillas de calabaza, Yerba Santa y hojas de aguacate. El platillo se denominaba Guiñado' bere (molito de pollo), un guiso sagrado.

“Ente los manjares que se elaboraban estaban los tamales rituales, que se hacían sólo para los difuntos, podríamos decir que era un platillo sagrado, que los antiguos zapotecas llamaban daa bere yee. Este platillo se condimentaba con hojas de aguacate, y los cocían en hornillos”, detalló el escritor.

El especialista en la cultura zapoteca explicó que los antiguos binnizá preparaban estos guisos y durante la noche los colocaban en mesas, ofreciéndolos a los difuntos. El objetivo era lograr el perdón por las faltas cometidas, que bajaran y se saciaran con los platillos.

“Con esto buscaban que los difuntos tuviesen a bien rogar a sus dioses, a quienes servían allá en el otro mundo, les ayudara, les diera salud y a toda su familia. Además de que enviara buenos temporales y cosechas de sus frutos. Esta comida ritual era ofrecida con mucha solemnidad, pues los señores de la casa se ponían en cuclillas ante el altar, bajaban los ojos y cruzaban los brazos: el silencio era profundo"

Después de la visita y de la solemne celebración nocturna, la comida no se probaba, lo que se procedía era regalarla a los pobres y los extranjeros, en caso de no hallarlos se tiraban en lugares ocultos porque lo consideraban sagrada y bendita.

Ese ritual era propio de los zapotecas de hace cuatro siglos atrás, pero con el tiempo se fue transformando y aún se mantienen algunos rasgos sagrados, como el velar la llegada de las almas, ofrecerles tamales de mole negro de pollo, al final las ofrendas se reparten a los vecinos y amigos para su degustación.

Los zapotecas del Istmo ven el guendaguti/ muerte como algo sagrado y de respeto, por lo perpetúan el culto al difunto toda la vida, desde que se concreta la muerte, cuando se arma todo un rito para sepultarlo en una fosa hecha con una profundidad de nueve cuartas, denominado en zapoteco ga' bia', hasta que muera el último familiar que lo recuerde en Todos Santos o Semana Santa, cuando se visita la casa de los muertos.

El Xandu’ entre los zapotecas es más que altares adornados, rezos y comida sagrada, también es una forma de fraternizar con los familiares, vecinos y amigos, de mantener viva la memoria del difunto, de no olvidar la creencia de los antiguos binnizá de que no se desaparece del todo, sino que se pasa a un estado sagrado, de intermediario con los dioses.