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Thu, May

“Behuaxhiñá” el son de la virginidad

Istmo
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Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca (Cortamortaja). - La figura femenina ha dado fama internacional a la región del Istmo de Tehuantepec desde tiempos inmemoriales. Su belleza, fuerza y carácter la han hecho figura central en la cultura zapoteca tanto en la vida diaria, como en los momentos importantes como sociedad.


Desde niña, la mujer zapoteca ha sido educada con principios y valores familiares sumamente arraigados que buscan preservar su prestigio como mujer dentro y fuera de la familia.

Las madres zapotecas inculcan a sus hijas el valor de la virginidad, que en tiempos pasados era considerado sagrado tanto para ella misma como para su familia.
Así, al casarse, la mujer istmeña con arraigo familiar, demuestra el esfuerzo que hicieron sus padres por ‘cuidar’ su esencia.

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Una de las teorías sobre el valor que se le da a la virginidad, es que, desde la conquista, el tema de la castidad se convirtió en tabú, por la mezcla de la sangre indígena y española, cuidando los nativos de estas tierras, que sus hijas no hubieran sido abusadas sexualmente por los expedicionarios españoles y de esta forma conservar su linaje y pureza de su raza.

Se dice que, con el paso del tiempo y la evangelización, el tema de la virginidad pasó de ser entre india y español, a hombre y mujer, por lo que los misioneros, centraron la idea de que la mujer debía casarse virgen para agradar a Dios y dar honor a sus familiares.

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Hasta el día de hoy, son varios los pueblos del Istmo que conservan esta tradición conocida en lengua zapoteca como “Balaana” (la prueba de la virginidad) en donde un día después de la fiesta de bodas, los recién casados deben demostrar que la mujer dio honor a su familia para lo cual se interpreta un antiquísimo son, conocido como el “Behuaxhiñá” o son de la virginidad, que realza y condecora a la mujer por haber cuidado su cuerpo y también a los padres por haber sabido educar a su hija.

A esta celebración conocida como lunes de boda, donde todo se pinta del color de la sangre derramada, la familia de la novia se desborda de alegría y regocijo al haber recibido el honor de su hija.